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07/04/2008
COLUMNISTA : Samuel Diab
A esta dama hay que saber decirle no
La presidenta Cristina Kirchner sufre las alucinaciones que nos retrotraen a otra argentina. Acá no hay golpistas, ni el campo lo es, ni el más taimado de los argentinos se le ocurriría hoy atentar contra la democracia, primero, porque no existe el menor atisbo de triunfar en algún conato que la desestabilice; segundo, porque la sociedad es conteste que la profunda depresión política que vive nuestro país desde hace más de siete décadas, con altos y bajos, se la va a arreglar en ese marco y sólo en ese marco.

Además de los “piquetes de la abundancia” aludidos por la presidenta, sus yerros del entendido reflejan de qué modo ha intentando separar las aguas de la sociedad, con el afán de resistir políticamente en el peronismo que le es adicto, caso D’Elía, Moyano, Scioli, y otros contrapuestos entre sí, a sabiendas de que las encuestas por estas horas les son esquivas.

En ese contexto de abroquelarse en el 50 por ciento de sus votantes, sin meditar que hay otro 50 por ciento a los que llamó “golpistas”, también arremetió duramente contra la prensa. Atacó a un icono del periodismo como Hermenegildo Sábat por haberla caricaturizado con una venda en sus labios y con la esfinge de su marido en uno de sus perfiles. Como siempre lo ha hecho con sus dibujos, Sábat habló más que cualquier nota o análisis de la realidad.

Además de decirle que cogobierna con su esposo, le dijo simplemente que se calle la boca, o que cuando hable lo haga sin la necesidad de dividir a la sociedad; que el público se hartó de escuchar una perorata que no le hace bien al país. ¿Qué mensaje mafioso es esto? Hubo otros muchos dibujos más fuertes incluso y nada dijo ¿Por qué esta vez? ¿No será que necesitaba chivos expiatorios para justificar la existencia de sus fantasmas?

Del mismo modo, quien escuchó su segundo discurso en pleno paro agropecuario podría interpretar como un “mensaje mafioso” las veces que repitió “despejen las rutas”, aunque veladamente quiso decir: “Despejen o los sacamos a palos”. Esto está más cerca de la realidad, ya que prohijó la violencia ejercida por Luis D’Elía y Emilio Pérsico contra quienes manifestaban en la Plaza de Mayo.

Fueron 21 días de errores presidenciales, cuyo costo hoy lo carga con el descenso de su popularidad.

Nadie le creyó, o muy pocos, que el campo es el enemigo de la sociedad. Trató como pudo de condimentar su salsa con alguna ideología que la sustentó en los ’70, aunque el conflicto en sus comienzos no tenía ningún aditamento escolástico, y ciertamente lo único que consiguió es que la mayoría de la sociedad apoye la lucha del campo –vaya paradoja- a pesar de las góndolas vacías.

¿Por qué el apoyo brindado por pequeñísimos productores, y amas de casa de todos los niveles sociales, en la mayoría de los pueblos olvidados del país que salieron a manifestarse? ¿Es que los tabacaleros de Salta, por no decir otros de cualquier punto del país, a quienes el poeta les cantó “amarga como el sabor de la planta del tabaco, así es mi vida patrón pero la endulza mi canto”, apoyaban a los grandes pulpos del campo que en definitiva alguna vez fueron los mecenas de los Kirchner o es que se hartaron de esta forma de gobernar?

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Precisamente cuando habla de golpistas, se da la cara contra la pared, porque también se le podría decir que es un conato golpista de su parte no asistir financieramente a los gobernadores de provincias mendicantes como la nuestra, ya que cuando la obra pública se resiente, como los salarios, las reivindicaciones sociales, y tantas otras necesidades, los gobernadores se debilitan ante sus respectivas comunidades y de allí a la rebelión dista sólo un paso.

Esto bien lo sabe ella, con la práctica que atesoró en más de 35 años de hacer política junto con su esposo.

El otro correlato es saber si los gobernadores obligados a decirle que si, están de acuerdo con sus políticas. Todo hace suponer que no. Pero no se lo dicen, a sabiendas que el matrimonio K les hace sentir su furia a quienes no marchan a su son.

Con La Rioja hay un tema particular: creen que Beder es un bellaco que les robó no sólo a un gobernador que les entregó la cabeza de Carlos Saúl Menem, sino que los hizo quedar como tontos ante el arco político nacional y con la prensa, cuando lo destituyó a su delfín, pese a los pedidos en contrario y pese al decidido apoyo de Aníbal y Alberto Fernández.

¿No será la actitud de un hombre nada fácil como Beder lo que les molesta, como cuando hace pocas semanas casi se lo come a un ministro nacional, y los recuerdos de esos días aciagos que vivió La Rioja a partir del 13 de marzo del año pasado?

¿Esa calidad institucional a la que alude cada vez que puede la presidenta Cristina, no la disminuye a propósito cada vez que La Rioja sufre los coletazos del olvido?

No soportan al riojano gobernador plantado en sus propios pies.

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