Más de seis mil años de historia así lo atestiguan, a pesar de que un sector de la población hoy quiere equiparar a los que tienen otras actitudes sexuales, a quienes nos sentimos normales en el sexo, de acuerdo con esa metafísica apuntada y a quienes deseamos que nuestros hijos crezcan en un mundo de espiritualidad, donde el esfuerzo, el estudio, la sana razón, la modestia en el vestir, entre otras varias virtudes, sean el pivote de la vida.
Esta unanimidad en el mundo materialista que descree de los espíritus; en la lucha entre el bien y el mal –aunque paradójicamente vivan como diablos, en tanto no deja de adscribir a diversas vertientes supersticiosas verbigracia manosantas, brujos mentalistas, curadores y afines- hoy más que nunca se ha centrado para que los homosexuales tengan exactamente los mismos derechos en cuanto al matrimonio y adopción de hijos, que quienes queremos, ansiamos y luchamos por los valores de la familia varón/hembra, e hijos criados en esta vertiente.
Pero sin embargo, esa porción minoritaria que nos acosa, humilla discrimina, e intenta quebrar la célula primaria de la sociedad y enseña los contra valores morales a nuestros niños, pero por sobre todo su degenerada clientela, es la que ha logrado encaramarse en varios sectores de la sociedad en puestos expectantes desde donde ataca la virilidad y femineidad, y a sus defensores, como algo demodé, medieval, senescente y eminentemente discriminador.
No obstante, y vaya contradicción también, a pesar de que existe una gran mayoría que se niega a que las leyes positivistas incluyan el llamado matrimonio gay y las consecuencias que, de un modo u otro se impondrán en el futuro inmediato o mediato, como ser la adopción de niños, los representantes del pueblo argentino van a contramano del derecho natural y de la legislación divina que otros muchos pueblos, como el islámico, adscriben.
Casi todos esos representantes han jurado por “Dios, los santos Evangelios…”, pero claro, ya se sabe, son políticos y han perdido hace rato ya la fidelidad a la palabra empeñada y a los juramentos, o sea que por cualquier cosa que pensemos, han traicionado su juramento que incluye respetar las leyes del Legislador por excelencia, Quien envió sus normas hamurabiana, mosaica e islámica, y otras en otros tantos textos sagrados, para que se cumplan, como “una guía para los sensatos”, como dice El Corán, libro sagrado de los musulmanes.
Y todas esas normas hablan claramente sobre la homosexualidad como una trasgresión.
La Biblia, tiene decenas de pasajes que condena abiertamente la homosexualidad, y la jurisprudencia mosaica le otorga la pena capital. En el Levítico, por ejemplo: "No te echarás con varón como con mujer, es abominación" (Lv 18:22); "Si alguno se juntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre" (Lv 20:13); o: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios" (1 Co 6:9-10).
Además Génesis (1:27) dice que Dios creó al hombre (al ser humano), hombre y mujer, y en ningún momento indica que ha creado otro tercer género. No es cuestión entonces de escoger la sexualidad, pues esta es inherente a cada ser humano y son dos: macho y hembra.
Y nos ahorraría un poco más de tinta lo que taxativamente dijo el Profeta Jesús sobre la ley de Moisés: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17-19), o sea que en su mensaje ratifica la ley de la que él mismo era su fiel seguidor, la que condena el pecado de la homosexualidad.
El amado Jesús también le aplica la pena de muerte a quien “escandaliza” a un niño. Muchos de los sacerdotes que abusan de criaturas, también son de tendencia homosexual, según leemos las historias que están en boga por estos días.
Por ejemplo, en tres Evangelios llamados sinópticos: Mateo 18,5; Marcos, 9,42 y Lucas, 9,46. La Biblia de Jerusalén, traducida directamente del original, le pone como título al episodio en los tres Evangelios la palabra "escándalo".
Dijo Jesús: "Pero al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar" (Mt, 18,6 ss).
En tanto, el llamado San Pablo en su epístola a los Romanos dice: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y al igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron con su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen" (Ro 1:26-28).
Cómo regula el Islam la homosexualidad
El Islam es explícito en cuanto a las prácticas homosexuales. Las condena abiertamente, ya que el Islam proclama la “ley natural” como la Ley de Al lah (Dios), inmutable y eterna; santifica y promueve las relaciones sexuales entre el hombre y la mujer.
Tampoco quiere el Islam una sociedad asexuada o unisex; impulsa el placer sexual entre macho y hembra, y no únicamente para concebir hijos.
Voy a transcribir una parte de El Corán donde se infiere claramente la condena a la homosexualidad: “Y a Lot. Cuando dijo a su pueblo: "¿Cometéis una indecencia que ninguna criatura ha cometido antes? Ciertamente, por concupiscencia, os llegáis a los hombres en lugar de llegaros a las mujeres. ¡Sí, sois un pueblo inmoderado!". Lo único que respondió su pueblo fue: "¡Expulsadles de la ciudad! ¡Son gente que se las da de puros!". Y les salvamos, a él y a su familia, salvo a su mujer, que fue de los que se rezagaron. E hicimos llover sobre ellos una lluvia: ¡Y mira cómo terminaron los pecadores! (Corán 7:80-84).
“El pueblo de Lot contradijo a los enviados. Cuando su hermano Lot les dijo: "¿Es que no vais a temer a Al lah? Tenéis en mí a un enviado digno de confianza. ¡Temed, pues, a Al lah y obedecedme! No os pido por ello ninguna recompensa. Mi recompensa no incumbe sino al Señor del universo. ¿Os llegáis a los varones, de entre los creados, y descuidáis a vuestras esposas, que vuestro Señor ha creado para vosotros? Sí, sois gente que viola la ley". Dijeron: "Si no paras, Lot, serás, ciertamente, expulsado". Dijo: "Detesto vuestra conducta. ¡Señor! ¡Sálvanos, a mí y a mi familia, de lo que hacen!" Y Les (plural mayestático) salvamos, a él y a su familia, a todos, salvo a una vieja entre los que se rezagaron. Luego, aniquilamos a los demás. E hicimos llover sobre ellos una lluvia. ¡Lluvia fatal para los que habían sido advertidos! Ciertamente, hay en ello un signo, pero la mayoría no creen. ¡En verdad tu Señor es el Poderoso, el Misericordioso! (Corán 26:160175).
Y en cuanto a las tradiciones atribuidas al Profeta Muhammad una de ellas dice: “Condenado por Dios es aquel que hace lo que la gente de Lot; ningún hombre debe mirar las partes privadas de otro hombre y ninguna mujer debe mirar las partes privadas de otra mujer, y dos hombres no deben dormir en la misma cama bajo una misma manta”.
Cualquiera sea la escuela de pensamiento en el Islam (mazhab) condena la homosexualidad, y quienes lo son, en el Islam tienen reglas claras y evidentes: no sólo es una inmoralidad sino que es punible en sintonía con la jurisprudencia islámica, aunque cada escuela tiene su propio código y cómo castigar la homosexualidad. Algo es claro: al proxeneta homosexual se le aplica la pena capital.
De todos modos hay unanimidad entre las diferentes escuelas del Islam en que la homosexualidad contraviene su jurisprudencia.
A pesar de todo esto, cuando el individuo hombre se siente mujer o viceversa, y los estudios determinan que esto es irreversible, el Islam les permite cambiar de sexo. Tan es así que en un país medioriental es donde más operaciones de cambio de sexo se realiza en el mundo (¡vaya con la propaganda antiislámica diaria que se realiza por los medios de comunicación, desde que el Islam tiene un código moderno, progresista y adelantado al resto de las leyes humanas!).
Asimismo, quienes previo estudio se cambian de sexo, paralelamente reciben su nueva documentación que los acredita como hombre o mujer y de este modo se les permite su realización en su vida diaria.
Claro, que a partir de esa metamorfosis, cada uno debe actuar como una mujer o como un hombre. Nada de medias tintas. Y tampoco se les permite adoptar, siempre en salvaguarda del interés del niño.
Me han preguntado qué pasa en el Islam si dos individuos del mismo sexo conviven, por supuesto apareándose, de manera disimulada o discreta, sin molestar a un tercero. Respondo que con seguridad existen estos casos que por lo general no salen a la luz, ya que lo que el Islam condena y severamente con un castigo ejemplar, es lo aparente y la impudicia pública.
Y sobre esto debo preguntarme y preguntar a la colonia homosexual riojana que hoy se rasga la vestidura vituperando a dos señores de nuestra sociedad que han “osado” hablar mal de ellos, el porqué, desde la actitud sexual que han escogido, se los conoce en su gran mayoría como “trabajadores del sexo”, y no como simples y honestos asalariados en cualquier disciplina.
Y también se impone la pregunta del porqué en sus manifestaciones públicas, quienes ansiamos que la privacidad sea eso: privada, debamos soportar que saquen a relucir sus artificios corporales fabricados por algún galeno, de manera escandalosa y desfachatada, teniendo en cuenta que nuestros niños hoy por hoy son testigos de todo testimonio que ocurra en las calles.
Y sobre la supuesta discriminación que enarbolan, también debemos preguntarnos quién es el discriminado, si ellos o el ciudadano que repudia ese modo de vida, ya que nadie puede hablar o criticarlos sin que intenten el destierro o la exoneración para sus censores; o que debamos no ver los canales de televisión, pues si no hay un travesti pareciera que no pueden concebir un programa.
Y sobre la adopción por parte de los homosexuales, mucho más allá del pensamiento espiritual, y religioso, los expertos a nivel internacional ya se han expedido, como por ejemplo lo que dijo el psicólogo español Luis Riesgo: “El fin de la adopción no es tanto dar un hijo a unos padres que no pueden tenerlo como dar unos padres idóneos a un niño que carece de ellos”.
“Aprobar la adopción de niños por parejas homosexuales implicaría ir contra el séptimo principio de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, que estipula que “el interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación”, explica.
La pediatra, miembro de la Asociación Española de Pediatría y de la “European Society for Pediatric Research” (Asociación Europea para la Investigación Pediátrica), Ana Martín Ancel, coincide con Riesgo al afirmar que “la adopción existe para acompañar a un niño que ha sido privado de su familia, y pretende darle un ámbito lo más adecuado posible para su desarrollo”.
“Un niño es un regalo, no un derecho para la utilidad de nadie”, sentencia en un artículo publicado el pasado marzo en la revista mensual “Páginas para el mes”.
Mónica Fontana, profesora de Orientación y Terapia Familiar en la Universidad San Pablo CEU de Madrid y especialista en psicología clínica y terapia familiar abunda en la idea de la necesidad de un padre y una madre, ya que “es mejor para el niño adoptivo que su emplazamiento filial sea lo más parecido posible al de su familia biológica”.
La adopción, “sin ser la única respuesta a la situación de desamparo del niño, con el tiempo se ha reconocido como la mejor solución, por imitar en la manera más precisa la forma en que ese niño vino al mundo y la realidad que viviría de no haber sido entregado por sus padres en adopción”, subraya.
“En este sentido, la familia es indispensable para el desarrollo de cualquier ser humano. Esta relación que inicia con la familia será necesaria para el niño no sólo para su desarrollo, sino para llegar a ser él mismo”, prosigue.
“En el caso de las parejas homosexuales hay un impedimento para poder satisfacer esta necesidad de todo ser humano. Si la relación entre dos mujeres o entre dos hombres es natural -como se argumenta- ¿por qué hay una imposibilidad biológica para procrear?”, se cuestiona Fontana.
“A los dos años, un niño ignora conscientemente si es varón o mujer. Esta identidad se aprenderá de los que le rodean en su infancia. Por eso el niño tiene derecho a ser formado en una familia para satisfacer uno de los conocimientos más importantes en la existencia de cualquier ser humano: ¿quién soy yo? Y, por tanto, ¿quién eres tú?”, añade.
Fontana arguye además que “está comprobada la mayor promiscuidad de la uniones homosexuales, que se rompen cuatro veces más que las heterosexuales. Imaginemos de nuevo las consecuencias sobre los niños, tan necesitados de seguridad y estabilidad, de un segundo abandono”.
“Por último, necesariamente surgirán en el niño problemas de socialización. Lo quieran o no, las uniones homosexuales serán siempre minoritarias y los niños adoptados por ellas, por muchos que se les diga, nunca podrán sentirse iguales a los demás. ¿Qué respuesta puede darse a un hijo que pregunta por qué sus amigos tienen un papá y una mamá? O bien, ¿qué es una mamá?”, apostilla.
La Asociación Española de Pediatría también se ha manifestado reiteradamente sobre esta cuestión. Y ha sido contundente: “Un núcleo familiar con dos padres o dos madres es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño”.
En un artículo publicado en el diario ABC el 18 de octubre de 1994, el psicopedagogo Bernabé Tierno afirmaba que “a los homosexuales hay que aceptarlos como son y tienen tanta dignidad como el primero. Pero deben darse cuenta de que este experimento se sale mucho de la norma y es arriesgado. Es bastante fácil que esa criatura, educado por homosexuales o lesbianas, se sienta condicionado por el ambiente (el niño es una esponja hasta los siete u ocho años; lo aprende todo). Y por otro lado, distinto en un mundo en que predomina la heterosexualidad. Hay que pensar que decidirán por él unas personas que mediatizarán su vida”, apostilla.
¿Qué dicen los estudios efectuados al respecto? “Desgraciadamente, no contamos en la actualidad con estudios, desde el punto de vista empírico, cuyos resultados sean generalizables y aceptados por todos”, asegura Fontana.
“Hace poco más de un año, la Academia Estadounidense de Pediatría publicó en su revista “Pediatrics” una declaración por la que apoyaba el derecho de homosexuales y lesbianas de adoptar a los hijos de su compañero, alegando que “los niños nacidos o adoptados por un miembro de la pareja del mismo sexo, merece la seguridad de dos padres legalmente reconocidos”.
Sin embargo, según la especialista, “para invalidar los resultados de estos estudios, basta con revisar los errores de la metodología empleada”.
En los análisis realizados después del año 2000, informa, “se ha comprobado que la atracción sexual hacia personas del mismo sexo al llegar la adolescencia es del 60% más en los niños adoptados por padres homosexuales o lesbianas”.
Epílogo
Es menester aclarar que algunas páginas de Islam en Internet declaran que la unión homosexual es lícita, particularmente una dirigida por un tal español Abdenur Prado, páginas bajo un viso aparentemente islámico, que no tienen el consenso de ningún modo de los jurisconsultos y estudiosos musulmanes, y a las que se las consideran fuera de la jurisdicción del Islam.
Es como aquellos homosexuales que se dicen muy cristianos o muy judíos pero que practican la homosexualidad y se jactan de ello, rompiendo sus propios códigos y pisándole los talones a la coherencia.
Todo lo expuesto, no significa que no se los deba respetar como personas, pues dijo el Profeta Muhammad: “El hombre es hermano del hombre quiera o no quiera”.
Sólo se les está pidiendo recato, por el bien de la primera célula, a la que hay que cuidar, respetar y valorar: la familia.
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*Samuel Diab es presidente del Centro Islámico de la Provincia de La Rioja desde el año 1995.