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19/05/2009
COLUMNISTA : Samuel Diab
“No te metás ¿yo? argentino”
El cúmulo de pruebas reunidas contra los acusados de matar al comerciante de Villa Unión, Jorge Alberto Ormeño es tan contundente, que extraña la poca visión, estudio y análisis de un sector periodístico que intenta por todos los medios minimizar lo actuado por los fiscales del caso, y ameritar lo que mediáticamente propuso la defensa de los imputados. Mala señal: han sido tan castigados algunos testigos, que pocas ganas tendrán los garcías y periodistas del mañana en reportar los crímenes que descubran.

Esa es la Argentina que no queremos, la del lastimoso “no te metás”, o del “¿yo? argentino”.

Algunos medios que tienen la enorme responsabilidad de trasladar al gran público la verdad objetiva de tan grave suceso, de seguir en esta línea, querrán hacer creer que Walter Sinesio Moreno, Omar Enrique Narváez, Mario Isidro Barrios y Alcides Rodríguez, los cuatro para quienes los fiscales Julián de la Colina y Cecilia Moreno pidieron reclusión perpetua, son producto de la mente afiebrada de la justicia, y que a Ormeño lo mató un ovni.

Es que han supervalorado la intervención de la defensa, que –como ella mismo lo ha dicho- puede mentir para alivianar la pesada carga que arrastran sus patrocinados; más inteligente fue la posición del reputado abogado José Omar Vega Aciar, defensor de Enrique Narváez, quien admitió que su cliente estuvo en el lugar de los hechos, pero que estaría incurso como “partícipe secundario”. Es decir, no negó la causa primigenia: el crimen.

O como reconoció Carlos Enrique Del Moral, defensor del principal acusado Walter Sinesio Moreno, quien dijo en su alegato que su cliente reconoce que el occiso estuvo esa noche en el juzgado que él presidía.

Y sobre el tráfico telefónico de Moreno la noche del crimen, el mismo Del Moral dijo que si la voz que llamaba a los otros imputados “es la de Moreno, a mi cliente no lo salva ni el diablo”.

Alcides Rodríguez confesó que las llamadas que recibía tenían la voz de Moreno. ¿Habrán contratado a algún imitador? Lucifer tendrá mucho trabajo.

Recreemos la historia

Es indudable, público y notorio, que el ex juez Walter Sinesio Moreno amañó una investigación y detuvo a los incautos Jorge Díaz, José Bernardo y Edith Catalina Casas, con el afán de culparlos del crimen. Por ellos dijo en su momento: “Ya tengo resuelto el caso en un 90 por ciento”. Los tres llamados “perejiles” fueron sobreseídos por el magistrado Eduardo Ramos, que sucedió a Moreno.

El chip plantado por Moreno en el celular del incauto Díaz, fue usado en el teléfono móvil de Moreno, y es obvio que este desconocía supinamente que cada celular trae una identificación única, como un DNI, que queda impreso en cada chip, y eso fue lo que la policía científica detectó en el elemento que Moreno “secuestro” a Díaz. Está comprobado que Moreno lo llamaba a su amigo Jorge Ormeño desde este chip colocado en su celular.

Ningún defensor realizó un análisis sobre esto, salvo demonizar a los inocentes. Cierto sector de la prensa tampoco analizó el estudio científico sobre los aparatos, ventilado en el debate.

Hubo más de cien testimonios en contra de Moreno, que lo comprometían en mayor o menor medida.

Ningún defensor aludió a esto, salvo –como es lógico- para realzar a uno o dos testigos que decían que Moreno se encontraba en otro lado la noche del crimen, y cierto sector de la prensa, menos.

El mismo estudio científico sobre el entrecruzamiento de llamadas entre los cuatro acusados, en la madrugada del 9 de abril del año pasado, no tiene desperdicio. Los celulares de Moreno, los dos Rodríguez, y Narváez, estuvieron al rojo y sus señales impactaron en las antenas que van desde Villa Unión a Agua del Medio y Santa Clara, pasando por supuesto por Zanja de la Viuda, donde fue encontrado Jorge Alberto Ormeño.

Fue contundente la exposición que al respecto realizó Edmundo Molina y su equipo ante el tribunal que sustancia el juicio presidido por el juez Mario Emilio Pagotto, la que da cuenta que el celular de Moreno, 03625415551, estaba precisamente en la Zanja de la Viuda, a la hora que se calcula arrojaba el cadáver al vacío de ese paraje.

En nada de esto –como es lógico- profundizó la defensa, tampoco lo hizo cierto sector de la prensa, si consideramos que esta es la prueba madre del juicio. Más: si hacemos abstracción de los principales testigos y de otras pruebas menores, ese entrecruzamiento de llamadas es suficiente para condenar a los hoy encarcelados.

De lo contrario: ¿Quién iba y venía esa noche con los celulares de Moreno, Narváez, Barrios y Rodríguez, entre Villa Unión, Agua del Medio, Santa Clara y Zanja de la Viuda, y viceversa? ¿Acaso el sargento García, por cuyo testimonio se descubrió todo, era quien traficaba los cuatro teléfonos, hablaba con él mismo, se diversificaba entre un paraje y otro y daba órdenes? Poco falta para que se publique esto último.

Que la defensa no haya hecho hincapié en este estudio, vaya, pero que lo obvie cierto sector de la prensa es un pecado contra la profesión. ¿Nos quieren hacer pasar por tontos a los ciudadanos? ¿Hay intencionalidad o la realidad, triste si es así, es que ciertos comunicadores sociales no han comprendido ni interpretado el debate?

A confesión de parte relevo de pruebas

En sintonía con el expediente de marras, los propios imputados, Omar Enrique Narváez, Alcides Rodríguez y Marcos Rodríguez, ampliaron su declaración y comprometieron aún más al principal encausado Walter Sinesio Moreno.

Por ejemplo, Omar Enrique Narváez reiteró de qué modo vio a Mario Isidro Barrios y el propio Sinesio Moreno, empujar la camioneta con el muerto adentro, al vacío de la Zanja de la Viuda. Si vio esto: ¿dónde se encontraba Narváez y qué hacía allí a las cuatro de la madrugada del 9 de abril del año pasado?

Otro ejemplo: Alcides Rodríguez confesó en una de las audiencias cómo lo mataron a Ormeño; de qué modo lo torturaron y dónde lo remataron, esto es, en el río, pasándole la camioneta por encima, cuando aún el comerciante se encontraba con vida. Esto se corresponde con el expediente donde consta el estudio que se hizo del lugar, en el que se encontró un montículo de arena con sangre, que según Rodríguez se había colocado al agónico para darle el “tiro de gracia”.

(Fuentes carcelarias dicen que atado, Jorge Ormeño, con sus últimas fuerzas se levantó como un resorte para escapar, y a media lengua (tenía destrozado el rostro) les habría dicho: “Hijos de p… ¿por qué me hacen esto? Los maldigo a cada uno de ustedes”. Las mismas fuentes dicen que a Barrios se le aparece Ormeño a medianoche y se sienta a los pies de su camastro).

En tanto, Marcos Rodríguez confesó que fue Mario Isidro Barrios quien dio el primer golpe, y que la tortura se extendió por dos horas, además de contar dónde lo llevaron posteriormente, en qué lugar le pasaron la camioneta por sobre su cuerpo y esto tiene su equivalencia con el contenido del expediente, donde figura ese famoso “montículo” de arena, que sirvió como cadalso para Jorge Ormeño.

La defensa, como es de esperar, nada dijo de esto, tampoco cierto sector de la prensa, aunque se esperaba un análisis exhaustivo de lo citado y que su actuar sea digno y adecuado a las circunstancias.

Hay que matar al cartero

Esa omisión en analizar concienzudamente el crimen más pavoroso de que se tenga memoria, por parte de cierta prensa, tal vez se inscriba en cierta cultura por lo que los argentinos somos conocidos en el mundo entero y de la que no hay que enorgullecerse: el no te metás, pibe ¿yo? argentino.

No es verdad que la defensa humilló en nada los argumentos de los fiscales y mucho menos que hayan rebatido con suficiencia, precisamente porque no contestaron cada una de las pruebas acá mencionadas y que comprometían gravemente a sus patrocinados.

La materia penal es una concatenación de hechos, una secuencia en las que los magistrados deben hurgar y trabajar con la sana crítica, su íntima convicción y sopesando cada una de las pruebas, para llegar a la certeza.

En este caso hay más certezas que dudas. ¿Quién puede dudar con tamañas pruebas? Sólo un inconsciente o un interesado en negar la realidad.

Y si no han leído o comprendido la sustanciación del juicio, pues el periodismo tiene la carga pública y ética de estudiar cualquier materia, y profundizar en ella para otorgarle a su público lo mejor de sí.

Claro, que si cierta prensa cree que Moreno & otros son inocentes, pues es más honesto que lo diga y defienda su tesis.

Cierta prensa trata de matar al principal testigo, sargento García y a algunos periodistas que se comprometieron con la verdad desde el primer momento. ¿Con qué objetivo? ¿Cuál es la señal que le están dando a la sociedad? Que no haya más Garcías ni periodistas que se jueguen las bolas.

Desean que los garcías del futuro miren para otro lado cuando sean testigos de los crímenes.

Total, yo argentino.

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