Primero fueron globos de ensayo, como para ir preparando a la sociedad sobre los proyectos que guardan en sus ideologías extrañas a la tradición argentina y la naturaleza humana, pero poco a poco van plasmando en leyes que de ninguna manera están solucionando los graves problemas que tiene la sociedad; por el contrario, están destruyendo la base primaria y el puntal de la misma que es la familia.
Todo tiene que ser light; todo con un tinte mentiroso de misericordia humana, como por ejemplo, no sancionar a los alumnos de pésima conducta en las escuelas. Entonces los docentes simplemente no actúan; la policía tampoco y mira para otro lado cuando flagrantemente los menores delinquen. Saben que actuar es inútil y que podría ir en contra de ellos mismos.
La misericordia consiste –aunque a muchos les parezca extraña esta ponencia- en endurecer las leyes y ser firmes en su aplicación, con el objetivo de dar sosiego a la comunidad de toda la lacra que la rodea. La que necesita un poco de misericordia y amor, es la sociedad y la familia que está despedazándose, como consecuencia del todo vale.
Ahora se viene la despenalización del consumo de drogas, y según Fernández, en una más que curiosa e incoherente interpretación, dice que se viene “una política despiadada contra el narcotráfico".
Una contradicción que tiene raigambre y aristas filosóficas, pues por un lado serán despiadados -¿serán?- contra los narcotraficantes, pero en realidad lo que serán es ser benignos con el mercader que mata a nuestros jóvenes y niños; y por el otro en realidad castigarán a quienes delinquen consumiendo sustancias peligrosas, pues tendrán pocas opciones para decir no, ante tanto mercadeo libre. ¿A alguien se la compran, no?
Es lo mismo que enseñar a nuestros hijos a no fumar con el cigarrillo en sus labios.
A igual que la propaganda en la etiqueta de bebidas alcohólicas o cigarrillos: “Fumar hace mal a la salud”, o “beber en exceso perjudica a la salud”, etc., etc. Ideas hipócritas como la conducta dual de quienes hacen la leyes.
No quieren criminalizar al adicto, y están siendo benévolos con quienes trafican. Pongamos un poco de lógica a este maremágnum de ideologías que nos quieren imponer. ¿Cómo van a frenar la venta de droga si el consumo y los consumistas se amplían? Lo que están haciendo en realidad es incrementar el consumo. Los criminales, chochos.
También el ministro le gusta referirse a la no represión de los individuos. Así nos va con la seguridad, con la droga, con la franja cada vez mayor de los delincuentes menores. No hay ley ni mordaza ni castigo que ataje a quienes han decidido cercar a los ciudadanos y que vivamos entre rejas en nuestra propia casa.
En virtud de esas doctrinas filosóficas, también los delincuentes feroces, ya lo ha dicho la Corte Suprema de Justicia, podrán llegar a juicio –si llegan- en libertad.
Mientras tanto podrán seguir delinquiendo, total, la súper libertad está señoreando por estas latitudes.
Es este tipo de conducta por parte de los funcionarios y quienes hacen las leyes y las aplican, la criminal, pues la sociedad es la que sufre profundamente sus consecuencias. Adónde quieren llegar y cuál es el límite, con estas supuestas libertades, que libera a los malvivientes y contraventores y encarcelan a los ciudadanos honestos, es un interrogante de difícil pronóstico.
Que la privacidad, tal como bien lo dice el artículo 19 de la Constitución nacional, sea privada, y no sea pública y menos homologada por el Estado.
No quiero una sociedad anárquica donde todo vale; no quiero un consumo de drogas libre que le dé más plácet al narco, no quiero la apología ni el proselitismo del sexo anormal por los medios de comunicación; no quiero que mis hijos ni nietos vean tal cosa. Quiero otro país para ellos.
Quiero un poco más de Dios en los funcionarios y más temor de lo que nos puede sobrevenir por sus conductas.
No a la droga, no al alcohol, no a la eutanasia, no a la despenalización. No a los Fernández ni a quienes proponen todo esto.
Si, a la vida sana.