Lunes 6 de Septiembre de 2010
Mín: 10ºC / Máx: 21ºC » Ver Pronóstico
27/08/2008
COLUMNISTA : Samuel Diab
Los semidioses
La sociedad, o el sistema avalado por ella, le ha otorgado a sus jueces el sitial más preponderante que un hombre ¡bah! o un individuo común y corriente quisiera tener, que es la vestidura de juez de la República, amparados por la inamovilidad de sus cargos y la intangibilidad en los emolumentos que de ellos devienen, aunque por imperio de esas mismas leyes, se han erigido en semidioses, dueños de la honra, de los bienes y libertad de las personas, que administran a su completo arbitrio.

No es poco lo que la sociedad les ha otorgado a los jueces, o el sistema, que es casi lo mismo, pues éste no podría sobrevivir sin el aval de aquella, cuyo entramado se fue solidificando en cada ley, en cada norma, en cada modificación constitucional, en cada ocasión comicial, y hasta en cada golpe de estado, ya que muchas leyes de las dictaduras, aún continúan vigente en la democracia.

Tanto la Corte Suprema de Justicia de la Nación y los tribunales inferiores de la república, están conformados por individuos de todas las estofas, que las más veces, en nada coinciden con esa aureola o estereotipo con que el romanticismo les quiere hacer ver: hombres probos, rectos, honestos, impolutos, sacrificados; justicieros que dejan su vida en pro de la buena administración de justicia, etc., etc.

Hasta ahora un juez sólo puede ser destituido mediante un juicio político, que bien podría amañarse si no me gusta su cara y tengo todo el poder para echarlo. De otro modo sólo podría alejarlo su vetustez, aunque sus sentencias vayan de la mano con su senilidad. Igual podríamos hablar de sus salarios, que también por imperio constitucional, no podrán ser rebajados jamás.

Pero además de todo esto: ¿Qué poder, al poder de por sí otorgado por las leyes y mar en coche tienen los jueces? Todo el que usted se imagina y además, el que no se imagina. Un juez, tal como están las cosas actualmente, podría –si se lo propusiera- hacerle a usted la vida imposible, y por supuesto, más posible también.

Este hi mann con un poder incontrolable, es un monstruo que hemos ido alimentando durante décadas, y sin que nos demos cuenta –la ingenuidad ciudadana a veces no tiene límites, como para darle la razón a quienes dicen piensa mal y no errarás- nos fue succionando y devorándonos.

Claro que a un costo tan abultado, cuya contramarcha es el descrédito increíble que hoy sufre ante la comunidad.

Decenas son las historias que se conocen sobre la impunidad, el prevaricato, la pésima administración de justicia, el favoritismo, la desigualdad, con que muchos jueces se han despachado desde sus estrados. Sus actos han hablado por ellos, más que sus sentencias sospechadas.

Conocido es por ejemplo el amorío de un magistrado que por suerte ya se fue, cuyo “novio” –para estupor e impotencia de la policía- tenía vía libre para cometer todo tipo de tropelías con la impunidad consabida, pues era detenido y de inmediato liberado, hasta que ese vandalismo llevó al juez a beber la leche del destierro.

Otra: una pobre ciudadana tuvo que soportar una información posesoria sin que haya tenido oposición alguna, por el término de ¡ocho años!, simplemente porque un simple secretario del juzgado donde se instruyó la usucapión –que también por suerte se fue, aunque no a tomar la leche pero sí exiliado a una ignota oficina- no simpatizaba con su cara y tenía demasiado influencia sobre los jueces.

O aquel ciudadano cuya casa fue allanada en búsqueda de armas porque en un rapto de desesperación había hecho huir a unos ocho maleantes, que por supuesto quedaron impunes, y que cuando se presentó furioso con su abogado ante el magistrado le espetó con el siguiente discurso: “Si usted presupone sobre mi persona, yo también presupongo de usted, pues usted no es más que yo, al contrario, yo soy quien le paga su salario; y yo presupongo que a usted le gustan los muchachitos y las muchachitas”.

Claro que en vez de detener al atrevido ciudadano por desacato, el juez –echado mediante un juicio político- intentó minimizar el problema y congeniar y simpatizar, y ordenó la inmediata restitución de las armas al hombre que se fue satisfecho de haberle cantado las cuarenta a quien representaba la justicia.

Podríamos abundar en demasía.

La era Beder ya se comió a unos ocho jueces mediante el instituto del juicio político. Por una u otra cuestión, fueron echados y esto fue una bocanada de aire fresco para la ciudadanía, que es la que sufre en forma directa la inacción de la justicia, si tenemos en cuenta que sólo el uno por ciento de los casos va a juicio.

Luego, un juez fue arrestado en el oeste provincial acusado de matar a un comerciante y de dirigir una banda delictiva.

Tal vez en pocos días tengamos otra noticia sobre un ex juez también destituido y el tráfico de automóviles.

Y hoy un manto de suspicacia se expande sobre otros jueces civiles, que habrían ordenado el pago de cuatro millones y medio de pesos en honorarios a unos abogados que fueron denunciados por una petrolera nacional, con vínculos estrechos al poder K, según la prensa nacional.

Entonces ¿Qué caterva de jueces nos administra justicia? Claro está que por razones de axioma, al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Un magistrado en este sistema inquisitivo, no sólo sentencia, sino que dirige la investigación, controla las garantías constitucionales de los ciudadanos y es juez y parte. Concentra todo el poder de cualquier caso y esto lo convierte en un ser omnipotente que inquiere, allana, da y quita la libertad de las gentes.

Es decir, un semidios. Claro que, como a todo Aquiles, les llega su talón.

Todas las notas de este Columnista
05/09/2010 | Las incompatibilidades entre Palestina e Israel para lograr la paz
31/08/2010 | Las usurpaciones y el periodismo idiota
17/05/2010 | Islam: la decadencia del sistema occidental; la homosexualidad
10/06/2009 | El hombre que se decía juez - La verdadera investigación sobre el caso Ormeño
19/05/2009 | “No te metás ¿yo? argentino”
21/03/2009 | Las aventuras y desventuras del Agente X
30/12/2008 | ¿Sí a todo lo que rompa el vínculo social?
30/10/2008 | Garantía
22/09/2008 | Desfederalización: sus porqués
27/08/2008 | Los semidioses
21/07/2008 | LA DUCTILIDAD DE BEDER CON LOS KIRCHNER - La noche y el día de Cleto Cobos
29/06/2008 | Cuando la soja era buena
19/06/2008 | Cien días de furia
31/05/2008 | El pueblo en armas
22/04/2008 | Ya lo juzgué y mi conciencia lo condenó
13/04/2008 | Caso Ormeño: la investigación está aún lejos de estar resuelta, tal como dice la policía
07/04/2008 | A esta dama hay que saber decirle no
31/03/2008 | La estocada
17/03/2008 | Vergüenza ajena
09/03/2008 | Cuando Alvaro Uribe fue premiado por el Grupo Río
 
 
Columnistas
Ismael J. Hayek
La luna y el Ramadán
José Ulises Contreras
Quiste ovárico
José Héctor Contreras
El mundo de las anemias
 
Informe Especial